EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO XVI

“Oí que del Santuario se gritaba a los siete ángeles: ‘Vayan a vaciar sobre la tierra las siete copas del furor de Dios’. Salió el primero a vaciar su copa sobre la tierra y se produjeron úlceras malignas y dolorosas en las personas que tenían la marca de la bestia y que se postraban ante su imagen. El segundo ángel vació su copa sobre el mar, que se transformó en sangre como la de un muerto, y murió todo ser viviente del mar. El tercer ángel vació su copa sobre los ríos y las fuentes, que se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas que decía: ‘Tú que eres y que eras, oh Santo, eres justo al castigarlos de ese modo. Puesto que ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, tú los hiciste beber sangre. Bien se lo merecían’. Oí a otro que decía desde el altar: ‘Sí, Señor y Dios, Señor del universo, tus juicios son verdaderos y justos’. El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol y su calor comenzó a quemar a los hombres. Pero los hombres que se quemaban empezaron a insultar a Dios, que tiene poder sobre estas plagas, en vez de reconocerlo. El quinto ángel vació su copa sobre el trono de la bestia, y de repente su reino se encontró en tinieblas y la gente se mordía la lengua de dolor. Insultaron al Dios Altísimo a causa de sus dolores y de sus llagas; pero no dejaron de hacer el mal. El sexto ángel derramó su copa en el gran río Éufrates; entonces sus aguas se secaron, dejando paso libre a los reyes de oriente. Yo miré: de las bocas del monstruo, de la bestia y del falso profeta salieron tres espíritus impuros que tenían apariencia de ranas. En realidad, son espíritus diabólicos que hacen cosas prodigiosas y se dirigen a los reyes del mundo entero; los van a reunir para la batalla del día grande de Dios, Señor del universo. ‘Cuidado que vengo como un ladrón; feliz el que se queda despierto y no se quita la ropa; así no tendrá que andar desnudo, y no se verán sus vergüenzas’. Los reunieron entonces en el lugar llamado Harmaguedón, en hebreo (o sea, monte Meguido). El séptimo ángel vació su copa en el aire. Entonces se escuchó en el Santuario una palabra que venía del trono y que decía: ‘Ya está hecho’. Y hubo relámpagos, retumbar de truenos y un violento terremoto. No desde que existen hombres sobre la tierra jamás se ha visto terremoto tan violento. La ciudad grande se partió en tres pedazos, mientras se derrumbaban las ciudades de las naciones. A Babilonia, la grande, Dios la recordaba e iba a darle a beber la copa en que hierve el vino de su indignación. Entonces los continentes desaparecieron, lo mismo que las cordilleras. Enormes granizos, como de un quintal, cayeron del cielo sobre la gente, y los hombres insultaron a Dios a causa de esta desastrosa granizada; porque es una plaga realmente tremenda”

No se puede negar la enorme similitud existente entre el pasaje anterior y el mensaje contenido en el toque de las siete trompetas del Apocalipsis. Dios, a través de sus profetas, suele repetir sus mensajes, frecuentemente, permitiendo a los creyentes obtener una mejor interpretación de los mismos. Siempre será necesario comparar los textos bíblicos más confusos con otros fragmentos similares de las sagradas escrituras, para terminar de armar el rompecabezas de la historia de la salvación de la humanidad.

Cuando el autor utiliza el término “copa” lo que está realizando es un paralelo con el cáliz de Nuestro Señor Jesucristo. Cristo acepta beber el cáliz que lo lleva a su pasión y muerte en la cruz. Análogamente, la Iglesia, como cuerpo místico de Cristo, transita, día a día, por el camino de la purificación durante su corta vida terrenal. Para entenderlo, lee el pasaje del evangelio que se presenta a continuación:

“Fue un poco más lejos y, tirándose en el suelo hasta tocar la tierra con su cara, hizo esta oración: ‘Padre, si es posible, aleja de mí esta copa. Sin embargo, que se cumpla no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú’ "
San Mateo 26, 39

Las sietes copas del furor de Dios representan las siete últimas plagas que caerán sobre toda la humanidad, antes de la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo a la Tierra. La primera de estas plagas no es muy alentadora:

“Salió el primero a vaciar su copa sobre la tierra y se produjeron úlceras malignas y dolorosas en las personas que tenían la marca de la bestia y que se postraban ante su imagen”

Esta plaga nos recuerda, inevitablemente, el mensaje profético correspondiente al toque de la quinta trompeta del Apocalipsis:

“De este humo salieron langostas, que se esparcieron por la tierra. Podían causar el mismo daño que los alacranes de la tierra. Se les ordenó que no dañaran ni praderas, ni hierbas, ni árboles, sino sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios. No podían matarlos, sino únicamente atormentarlos durante cinco meses. El dolor que producen se parece al de la picadura del alacrán. En esos días los hombres buscarán la muerte sin hallarla; querrán morir, pero la muerte se les esconderá”
Apocalipsis 9, 3 - 6

El texto “Salió el primero a vaciar su copa sobre la tierra y se produjeron úlceras malignas y dolorosas en las personas que tenían la marca de la bestia y que se postraban ante su imagen” se refiere a las heridas causadas por el estallido de bombas en los diferentes conflictos armados que han existido en el mundo, desde la invención de la pólvora hasta nuestros días. La expresión “las personas que tenían la marca de la bestia y que se postraban ante su imagen” es equivalente al fragmento “sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios”. En uno y otro caso, Dios permite que el mundo pecador sea purificado en el fuego de la guerra. La guerra no es un invento de Dios. Dios permite las guerras y los desastres para purificar, espiritualmente, a una humanidad insensata y pecadora. Solo a través del sufrimiento muchos logran alcanzar las gracias espirituales que la riqueza, el poder, el placer y la fama han quitado. Para el Creador del universo, la verdadera felicidad no se haya en esta Tierra, donde todo es pasajero y efímero. Para el Todo Poderoso, la verdadera felicidad se haya en el amor que experimenta el espíritu humano al encontrarse con su Supremo Hacedor por toda una eternidad. Por eso, nada debe perturbar la paz interior que habita en el corazón del auténtico creyente, porque Dios protege a los justos y castiga a los necios y pecadores.

Uno de los pasajes más enigmáticos de la profecía de San Juan es aquel que se halla escrito a continuación:

“El segundo ángel vació su copa sobre el mar, que se transformó en sangre como la de un muerto, y murió todo ser viviente del mar

El fragmento anterior puede prestarse para múltiples interpretaciones posibles. Aunque una interpretación literal de este texto no puede descartarse de plano, una exégesis simbólica es la más recomendable. En la antigüedad, el mar era considerado como algo aterrador entre los habitantes del pueblo de Israel. El mar era visto por el judío como la personificación del mal. No es para nada extraordinario que San Juan se refiera a la Roma imperial del siglo I, cuando escribe:

“Entonces vi subir del mar a una bestia con siete cabezas y diez cuernos, en los cuernos diez coronas y en las cabezas títulos que desafiaban a Dios”
Apocalipsis 13, 1

Roma era un imperio que rendía culto a un alto número de dioses paganos. Los ciudadanos y emperadores romanos justificaban su vida inmoral y su sangrienta forma de conquistar pueblos vecinos, mediante una retorcida doctrina e idolatría, dirigidas a unos dioses falsos e irreales. La palabra “mar”, en el Apocalipsis, representa el paganismo antiguo y moderno. Hoy, el término “mar” designa el actual mundo pagano que se ha olvidado de Dios y de su evangelio.

La expresión “que se transformó en sangre como la de un muerto, y murió todo ser viviente del mar” se refiere a la guerra, como la gran precursora del Día de la Ira de Dios. Poco antes de la llegada del Día de la Ira de Dios, el mundo estará sumido en una guerra total. Hoy vivimos el tiempo de “los primeros dolores del parto”. Para entenderlo, lee lo que está escrito:

“Se hablará de guerras y de rumores de guerra. Pero no se alarmen, porque todo eso tiene que pasar, pero no será todavía el fin. Unas naciones se levantarán en contra de otras, y pueblos contra otros pueblos. Habrá hambres y terremotos en diversos lugares. Pero todo esto no será sino los primeros dolores del parto
San Mateo 24, 6 - 8

San Juan nos está profetizando sobre una gran guerra que asolará a la humanidad. Este es el significado del fragmento “El segundo ángel vació su copa sobre el mar, que se transformó en sangre como la de un muerto”. Esta gran guerra será el preludio de la llegada del Día de la Ira de Dios. Como está profetizado en muchos pasajes bíblicos, en el Día de Yahvé serán aniquilados todos los necios, escandalosos e infieles a la santa voluntad de Dios. Esta es la traducción del texto “y murió todo ser viviente del mar”. Desafortunadamente, este no es el único texto que anuncia las características propias del Día de la Cólera del Señor.

“Porque la ciudad que lleva mi nombre es la primera que empiezo a castigar, ¿y ustedes quedarían sin castigo? No, porque yo mismo dejaré caer la espada contra todos los habitantes de la tierra, dice Yahvé de los Ejércitos. Y tú les comunicarás todas estas cosas y les dirás: Ruge Yahvé desde lo alto, y grita desde su santa morada. Ruge con fuerza contra su corral y lanza gritos como los que pisan la uva en el lagar. A todos los habitantes de la tierra, hasta el fin del mundo, ha llegado el eco de su voz. Pues Yahvé abre el proceso de todas las naciones, pone pleito a todo mortal, y a los impíos los condena a la espada, dice Yahvé”
Jeremías 25, 29 - 31

"¡Ante este pueblo invasor tiembla la tierra, se estremecen los cielos, el sol y la luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo! Yahvé hace oir su voz, al frente de su ejército: numerosos son sus soldados, poderosos los que cumplen sus órdenes. Porque grande y temible es el día de Yahvé. ¿Quién podrá soportarlo?"
Joel 2, 10 - 11

“La tierra ha sido profanada por los pies de sus habitantes, que pasaron por alto las leyes, violaron los mandamientos y no cumplieron el contrato eterno. Por eso, una maldición ha devorado la tierra por culpa de sus habitantes; por eso se han ido muriendo y solo quedan unos pocos
Isaías 24, 5 - 6

“A cada uno le va a dar su merecido: enojo para sus adversarios y castigo para sus enemigos. Sobre las naciones lejanas caerá su venganza. Los de Occidente conocerán su Nombre y de Oriente verán su Gloria, pues llegará como un torrente encajonado, empujado por un soplo de Yahvé. Pero, en cambio, vendrá como Redentor para Sión y para todos los habitantes de Jacob que se hayan arrepentido de sus pecados”
Isaías 59, 18 - 20

Los judíos se habían negado a escuchar a Nuestro Señor Jesucristo, a pesar de haber visto milagros que nunca antes nadie había realizado en medio de ellos. Ellos se negaron a creer porque ningún hombre cree en lo que no ama, ni acepta. Israel respiraba odio y rencor hacia el imperio romano. Ese odio les nublaba la mente y el corazón, a tal punto, que el mensaje de amor, tolerancia y perdón de Cristo no halló acogida entre ellos. Así, hacia la segunda mitad del siglo I los judíos se revelaron contra los romanos, siendo éstos últimos sus terribles verdugos. Los romanos destruyeron Jerusalén reduciéndola a cenizas. Miles de judíos fueron asesinados, desterrados y dispersados por todo el mundo pagano. Como si esto fuera poco, durante la segunda guerra mundial, el tercer reich masacró cerca de seis millones de judíos. En la actualidad, el conflicto árabe-israelí ya es noticia obligada en todos los medios de comunicación. El odio entre judíos y palestinos crece cada día más. Los judíos sembraron odio y aún siguen cosechando violencia y muerte. Así ocurrió y así fue profetizado:

“Al darse cuenta Pilato que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: ‘Yo no me hago responsable de la sangre que se va a derramar. Es cosa de ustedes’. Y todo el pueblo contestó: ‘¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’ “
San Mateo 27, 24 - 25

“El tercer ángel vació su copa sobre los ríos y las fuentes, que se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas que decía: ‘Tú que eres y que eras, oh Santo, eres justo al castigarlos de ese modo. Puesto que ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, tú los hiciste beber sangre. Bien se lo merecían’. Oí a otro que decía desde el altar: ‘Sí, Señor y Dios, Señor del universo, tus juicios son verdaderos y justos’ “

Los judíos fueron los autores de muchos de los asesinatos cometidos contra los profetas y los apóstoles. Todo aquel que persigue a la Iglesia de Cristo termina muy mal, sea en la vida presente o en la vida futura. Así es, porque así está escrito:

“El día fijado, Herodes, con traje real, se sentó en su trono y les dirigió la palabra. Delante de él, el pueblo clamaba: ‘El que habla es un Dios, ¡no un hombre!’. En ese mismo instante lo hirió el ángel del Señor porque no había devuelto a Dios el honor, y murió carcomido por los gusanos
Hechos 12, 21 - 23

Las profecías correspondientes a la cuarta y quinta copa hacen referencia a las características propias del fin del mundo. En el fin del mundo: Lloverá fuego del cielo y serán  desatadas las fuerzas de la naturaleza. Antes de la llegada del juicio final, el universo entero se conmoverá. Entonces, el último anticristo y sus ejércitos infernales insultarán al Dios Altísimo cuando vean llegar el último y el más horrible de todos los días de furia del Señor. En el link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo se entregan más detalles sobre los pasajes que se anexan a continuación:

“Llegará, sin embargo, el día del Señor, como un ladrón. Entonces los cielos se disolverán con gran ruido. Los elementos se derretirán por el fuego, y la tierra con todo lo que encierra quedará consumida. Al enterarse de esta universal destrucción, ¡qué santa y religiosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y apresurando, por ese medio, la venida del día de Dios en que los cielos incendiados se disolverán y los elementos ardientes se derretirán! Nosotros esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia”
II Pedro 3, 10 - 13

“Ahora bien, pasando a esos otros días, después de esa angustia, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y verán al Hijo del Hombre viniendo en medio de las nubes, con mucho poder y gloria”
San marcos 13, 24 - 26

“El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol y su calor comenzó a quemar a los hombres. Pero los hombres que se quemaban empezaron a insultar a Dios, que tiene poder sobre estas plagas, en vez de reconocerlo. El quinto ángel vació su copa sobre el trono de la bestia, y de repente su reino se encontró en tinieblas y la gente se mordía la lengua de dolor. Insultaron al Dios Altísimo a causa de sus dolores y de sus llagas; pero no dejaron de hacer el mal”

El texto que se presenta a continuación se refiere, al mismo tiempo, al Día de la Ira de Yahvé y al fin del mundo, en el cual Jesucristo vendrá con poder y gloria para juzgar a vivos y a muertos. Son dos acontecimientos futuros y diferentes entre sí. Sin embargo, serán dos eventos que estarán marcados por desastres similares.

"El sexto ángel derramó su copa en el gran río Éufrates; entonces sus aguas se secaron, dejando paso libre a los reyes de oriente. Yo miré: de las bocas del monstruo, de la bestia y del falso profeta salieron tres espíritus impuros que tenían apariencia de ranas. En realidad, son espíritus diabólicos que hacen cosas prodigiosas y se dirigen a los reyes del mundo entero; los van a reunir para la batalla del día grande de Dios, Señor del universo. ‘Cuidado que vengo como un ladrón; feliz el que se queda despierto y no se quita la ropa; así no tendrá que andar desnudo, y no se verán sus vergüenzas’. Los reunieron entonces en el lugar llamado Harmaguedón, en hebreo (o sea, monte Meguido)"

Como sabemos, la antigua Babilonia estaba bañada por los ríos Tigris y Éufrates. Para el momento en que escribe San Juan, Babilonia representaba el gran imperio romano, es decir, el poder político dominante y perseguidor. De esta manera, los fragmentos apocalípticos, que se presentan a continuación, guardan estrecha relación entre sí.

“Tocó el sexto ángel. Entonces oí una voz que venía de las cuatro esquinas del altar de oro colocado delante de Dios, y que dijo al sexto ángel: ‘Suelta a los cuatro ángeles encadenados a orillas del gran río Éufrates’ Y soltaron a los cuatro ángeles que esperaban la hora, el día, el mes y el año, listos para exterminar a un tercio de los hombres”
Apocalipsis 9, 13 - 15

“El sexto ángel derramó su copa en el gran río Éufrates; entonces sus aguas se secaron, dejando paso libre a los reyes de oriente”

La exégesis del pasaje anterior se encuentra en la interpretación del Capítulo IX. Pocos textos apocalípticos son tan perturbadores, como aquel que está escrito a continuación:

“Yo miré: de las bocas del monstruo, de la bestia y del falso profeta salieron tres espíritus impuros que tenían apariencia de ranas. En realidad, son espíritus diabólicos que hacen cosas prodigiosas”

Como aparece descrito en el Capítulo XIII del Apocalipsis: El monstruo hace referencia al diablo, la bestia representa el poder perseguidor y el anticristo está simbolizado por el falso profeta. Los tres conforman la trinidad satánica. Las ranas, a lo largo de la historia, se han asociado con espíritus inmundos, como la lujuria, la tentación sexual y el pecado de impureza. La impureza propia del diablo y sus servidores solo puede ser comparada con una plaga de ranas o una enfermedad contagiosa y pestilente, como está escrito:

“Entonces llamó Faraón a Moisés y a Aarón y les dijo: ‘Pidan a Yahvé que quite de mí y de mi país estas ranas, y yo dejaré salir a su pueblo para que ofrezcan sacrificios a Yahvé’ “
Éxodo 8, 4

“Cuando abrió el cuarto sello, oí el grito del cuarto viviente: ‘Ven’. Se presentó un caballo verdoso. Al que lo montaba lo llaman la muerte, y detrás de él montaba otro: el lugar de los muertos. Se le dio permiso para exterminar la cuarta parte de los habitantes de la tierra por medio de la espada, del hambre, de la peste y de las fieras
Apocalipsis 6, 7 - 8


“Yo miré: de las bocas del monstruo, de la bestia y del falso profeta salieron tres espíritus impuros que tenían apariencia de ranas. En realidad, son espíritus diabólicos que hacen cosas prodigiosas”

En el final de los tiempos llegarán falsos profetas que harán prodigios y milagros y se harán pasar por Cristo Jesús, a fin de engañar, incluso, a los elegidos por Dios. Desde la fundación de la Iglesia hasta nuestros días son incontables las falsas doctrinas que han atacado, permanentemente, la fe católica. Como una plaga de langostas se multiplican los pastores protestantes y las falsas ideologías. El ateísmo, la nueva era, el satanismo, la brujería, el código Da Vinci, el islam, la masonería y el comunismo son, entre otros, los grandes males de nuestro tiempo. Por eso, está escrito:

“Porque se presentarán, falsos cristos y falsos profetas, que harán cosas maravillosas y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, aún a los elegidos de Dios“
San Mateo 24, 24

“En realidad, son espíritus diabólicos que hacen cosas prodigiosas

En la exégesis del Capítulo XX se explica, detalladamente, la profecía que se anexa a continuación:

“se dirigen a los reyes del mundo entero; los van a reunir para la batalla del día grande de Dios, Señor del universo… Los reunieron entonces en el lugar llamado Harmaguedón, en hebreo (o sea, monte Meguido)”

Hoy, Cristo te invita a estar preparado en todo tiempo y lugar. Nuestro Señor quiere verte, constantemente, en gracia de Dios. Hay que estar preparado a todo instante porque nadie sabe el día, ni la hora. Que el Señor no te encuentre desnudo, no sea que se vean tus pecados. Que el Señor te encuentre cubierto de buenas obras que den testimonio de tu fe y tu amor hacia Él. Que así sea, porque así está escrito:

Cuidado que vengo como un ladrón; feliz el que se queda despierto y no se quita la ropa; así no tendrá que andar desnudo, y no se verán sus vergüenzas”

Las profecías, según las cuales, el mundo se acaba en el 2012 u otra fecha cercana son puro cuento. No creas en ninguna de las fechas anunciadas en diferentes revistas, periódicos, libros, páginas web o programas de televisión. Las cadenas internacionales de radio y televisión hacen de una débil especulación una gran noticia. El amarillismo, el chisme, el escándalo y el rating son los amos y señores de la mayoría de los actuales dueños de los medios de comunicación más influyentes del mundo. Nadie sabe el día, ni la hora. El fin del mundo llegará como un ladrón. Cielos y Tierra pasarán, pero las palabras del Señor no pasarán. Así será, porque así está escrito:

“El séptimo ángel vació su copa en el aire. Entonces se escuchó en el Santuario una palabra que venía del trono y que decía: ‘Ya está hecho’. Y hubo relámpagos, retumbar de truenos y un violento terremoto. No desde que existen hombres sobre la tierra jamás se ha visto terremoto tan violento. La ciudad grande se partió en tres pedazos, mientras se derrumbaban las ciudades de las naciones. A Babilonia, la grande, Dios la recordaba e iba a darle a beber la copa en que hierve el vino de su indignación. Entonces los continentes desaparecieron, lo mismo que las cordilleras. Enormes granizos, como de un quintal, cayeron del cielo sobre la gente, y los hombres insultaron a Dios a causa de esta desastrosa granizada; porque es una plaga realmente tremenda”

El número tres, en las sagradas escrituras, se refiere a la Santísima Trinidad. La Santísima Trinidad es Dios manifestado en tres personas diferentes: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El pecado, el diablo y los demonios están representados por el inverso de tres, es decir, un tercio o la tercera parte. Por tanto, el texto "La ciudad grande se partió en tres pedazos" se refiere a la enorme y futura apostasía e idolatría que estarán presentes en medio de la humanidad que asistirá al último y al más horrible de los días de furia de Dios: El día del fin del mundo. Antes de la segunda venida de Cristo a la Tierra, la figura de este mundo habrá pasado. Será borrado el mundo pecador, descrito en el pasaje anterior como “Babilonia, la grande”. Habrá un nuevo Cielo y una nueva Tierra. Esta nueva Tierra será la Jerusalén celestial. Solamente, aquellos que estén inscritos en el libro de la vida del Cordero verán a Dios. Entonces, Él será para ellos un Padre y ellos serán llamados hijos de Dios. La materia desaparece, el espíritu vive eternamente. La Jerusalén celestial es la vida eterna. La vida eterna es la verdad porque la verdad es la felicidad que no conoce ocaso. Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. El ser humano trabaja, incansablemente, por ser feliz. El hombre de ayer y de hoy se contenta con una felicidad temporal y efímera, sustentada en los placeres de un mundo que se olvidó de Dios. La muerte acaba con la corta felicidad del hombre perverso…. ¿De qué le sirve al borracho, al inmoral, al poderoso, al ladrón, al asesino haber disfrutado de todos los placeres del mundo, si al final pierde su alma?... Por eso, yo te invito a sembrar frutos de vida eterna para así alcanzar la felicidad total y definitiva en el Reino de los Cielos. Así es, porque así está escrito:

“Después vi un trono espléndido, muy grande, y al que se sentaba en él, cuyo aspecto hizo desaparecer el cielo y la tierra sin dejar huellas. Los muertos, grandes y chicos, estaban de pie ante el trono. Se abrieron unos libros, y después otro más, el libro de vida. Entonces los muertos fueron juzgados de acuerdo con lo que está escrito en los libros, es decir, cada uno según sus obras
Apocalipsis 20, 11 - 12

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que en el día de tu juicio seamos dignos de entrar en el reino que ha sido preparado por Dios. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO